Salud

Descontrolarnos y hacer uso de nuestra ira no nos lleva a ningún buen lugar…

No existen ofensas, sino los ofendidos

Cada persona da a los demás lo que tiene dentro, sea agradable o no. Sin embargo, no son los demás los que nos dañan, sino que somos nosotros quienes damos validez a sus opiniones y acciones.

Nadie puede dañarte sin el consentimiento de tu Yo interno, lugar donde se encuentra el pilar que sostiene tu arquitectura emocional. Se dice que “el mejor desprecio es no hacer aprecio”, que la indiferencia es el mejor castigo y la mejor arma contra los ataques de la gente, sean gratuitos o no.

Que el viento se lleve las palabras…

Simplemente, podemos dejar que las palabras se las lleve el viento o que permanezcan con nosotros. Es decir, para que las palabras te hagan daño, les tienes que dar sentido. Ese simple acto es un reflejo de tu estado interno, de tu ser. Piensa que tienes la libertad emocional en una mano y la esclavitud en otra, es obvio cuál te satisface más.

¿Por qué no responder a una provocación?

Descontrolarnos y hacer uso de nuestra ira no nos lleva a ningún buen lugar, ya que solo conseguiremos echar más leña al fuego y hacer que ardamos. La honestidad con uno mismo, la templanza y la autoconfianza son herramientas indispensables que podemos aprender por ensayo y error.

Así, si dejamos que lo negativo acceda a nuestro interior, nunca nos sentiremos plenos ni libres. En suma, la única diferencia entre tener un día bueno o un día malo es la actitud con la que enfrentamos la situación.

Lo rápido y lo fácil es optar por el camino que nos marquen las tormentas que los demás llevan sobre su cabeza, haciéndonos perecer. Sin embargo, lo complicado y lo lento es mucho más duradero y satisfactorio.

A palabras necias, oídos sordos

La mejor defensa es un buen ataque donde más duele. Por eso, no accedas a las provocaciones de la gente, pues les estarás dando el gusto a quienes intentan molestarte, a quienes te envidian o te acosan. Ignorar es responder con inteligencia.

No hay que hacer caso a la gente que habla sin conocimiento o que pretende hacernos daño con sus palabras y sus actos. Recuerda:

Mereces que te amen, no que te dañen. Mereces respeto, como cualquier persona lo merece. Puedes permitirte perder todo en la vida, menos la dignidad. Eso es lo que realmente hace daño, no lo permitas nunca. Si sientes que ya la perdiste, recuerda que nunca es tarde para recuperarla. Y nunca te olvides… ¡Quien no te valora, no te merece!

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